Si en algún momento has ido con tus primos, sobrinos o hijos a Micropolix, esa ciudad en miniatura ubicada en San Sebastián de los Reyes (Madrid) donde los niños pueden probar oficios como bomberos, médicos o cajeros por un día, quizá te resulte fácil imaginar el concepto del Kinetic Cyber Range del FBI. 

El Kinetic Cyber Range se encuentra en el campus del FBI en Huntsville, Alabama, y ocupa unos 2.000 metros cuadrados. A simple vista parece una pequeña ciudad interior, construida con un nivel de detalle casi inquietante. Hay casas completamente amuebladas, un hotel, una gasolinera, una tienda, un hospital, instalaciones industriales, una compañía eléctrica y hasta un salón recreativo. En total, se pueden encontrar 11 emplazamientos edificios distintos. 

Sin embargo, lo realmente importante no son las recreaciones, sino lo que hay detrás: todos esos espacios están conectados a sistemas informáticos reales que replican infraestructuras modernas.

De la teoría a la maqueta

Dentro de esta polis que parece sacada de unos estudios cinematográficos de Hollywood los sistemas funcionan como lo harían en el mundo real, con redes corporativas, servidores, dispositivos conectados, sistemas tipo Active Directory, entornos Windows y Linux y una arquitectura digital compleja.

El lugar incluso alberga un centro de datos con más de 200 servidores físicos, lo que permite simular desde pequeñas intrusiones hasta ataques a gran escala sobre infraestructuras críticas.

El objetivo del Kinetic Cyber Range es cambiar por completo la forma en que se entrena a los investigadores del FBI y a sus socios. Por aquí también pasan la NASA, el ejército estadounidense y otras agencias de policía locales. 

Durante años, la formación en ciberseguridad se basaba principalmente en teoría, simulaciones de software o ejercicios aislados en pantalla. Ahora, en cambio, los estudiantes se enfrentan a escenarios híbridos en los que lo físico y lo digital se combinan. Pueden entrar en una casa para incautar dispositivos, analizar coches para extraer datos de sus sistemas electrónicos o investigar redes empresariales completas como si fueran compañías reales.

Tratando con personas, no solo con sistemas

Los ejercicios no se limitan a la parte técnica, sino que también tienen componentes operativos y humanos. En muchos casos, los participantes deben entrevistar a actores que representan a responsables de empresas, abogados o directivos. Deben actuar bajo presión, determinar qué dispositivos incautar, cómo preservar evidencia digital o cómo actuar cuando un sistema crítico está siendo atacado en tiempo real. La idea es reproducir no solo la tecnología, sino también el estrés y la incertidumbre de una investigación real.

Uno de los escenarios más habituales es el de ataques de ransomware simulados, especialmente contra infraestructuras sensibles como hospitales. En estos ejercicios, los sistemas quedan bloqueados, los servicios dejan de funcionar y los equipos deben decidir rápidamente cómo contener el incidente, cómo recuperar la operativa y cómo obrar sin empeorar la situación. Es una forma de entrenar la toma de decisiones en condiciones de presión extrema.

El centro también pone mucho énfasis en el trabajo con infraestructuras críticas. Los participantes se enfrentan a simulaciones de fallos en redes eléctricas o caídas de sistemas corporativos. Todo está diseñado para que el entorno sea lo más realista posible, incluyendo la densidad de servidores, la complejidad de las redes y la interacción entre múltiples sistemas interconectados.

En todo este despliegue se espera que los alumnos cometan errores. El objetivo es que esos fallos ocurran en un entorno controlado, donde no tienen consecuen