En 2025, el escenario de un supuesto amigo que te hace una videollamada para sacarte dinero ha dejado de ser ciencia ficción para convertirse en uno de los métodos de estafa más devastadores del entorno digital. La tecnología capaz de clonar rostros y voces ha multiplicado el alcance del fraude hasta cifras inéditas.
Facebook, WhatsApp y Telegram en el punto de mira

El estudio sitúa a Facebook como la plataforma con mayor volumen económico asociado a estas estafas, con alrededor de 414 millones de euros en pérdidas.

Le siguen WhatsApp con 168 millones y Telegram con 141 millones.

Entre las tres concentran el 93% del dinero sustraído en redes sociales mediante vídeos y audios manipulados.

Otras aplicaciones como TikTok, Instagram o Threads registran cifras menores, aunque igualmente significativas, mientras que una parte del fraude no pudo vincularse a una plataforma concreta.

Los expertos en ciberseguridad apuntan a un factor psicológico determinante. Facebook mantiene una base de usuarios masiva a nivel mundial, lo que amplía la superficie de ataque.

En el caso de WhatsApp y Telegram, el elemento diferencial es la confianza relacional. Son entornos asociados a conversaciones privadas con familiares, compañeros de trabajo o amigos cercanos.

Cuando el engaño llega por un canal que percibimos como íntimo, la capacidad crítica disminuye de forma notable.

Algunos análisis también indican que determinados grupos de edad presentan mayores dificultades para identificar irregularidades en contenidos sintéticos.

La ausencia de esa intuición digital que sí han desarrollado generaciones más jóvenes, acostumbradas a filtros y entornos virtuales, aumenta la vulnerabilidad frente a vídeos aparentemente auténticos.

Falsas inversiones con famosos como reclamo

El grueso del dinero perdido en 2025 procede de un patrón muy concreto. La suplantación de celebridades para promocionar oportunidades de inversión fraudulentas concentró cerca del 80% del total defraudado y el 96% de las pérdidas originadas en redes sociales, lo que equivale a unos 748 millones de euros.Los delincuentes elaboran vídeos en los que figuras públicas parecen avalar plataformas financieras milagrosas, prometiendo rentabilidades extraordinarias en plazos mínimos.

El nivel de realismo alcanzado por estas piezas es tal que incluso empleados de grandes corporaciones han sido engañados. Uno de los casos más mediáticos afectó a una empresa británica de ingeniería cuyo trabajador participó en una videoconferencia donde todos los interlocutores, excepto él, eran recreaciones generadas con inteligencia artificial.

El supuesto directivo ordenó una transferencia millonaria que terminó en manos de los estafadores.

A esta modalidad se suma el fraude romántico potenciado por vídeos y audios manipulados. En estos casos, los delincuentes construyen relaciones sentimentales ficticias durante semanas o meses.

Posteriormente alegan emergencias médicas, bloqueos de cuentas o inversiones urgentes. Las mujeres fueron objetivo en el 57% de los incidentes detectados y los hombres en el 43%, con pérdidas estimadas en más de ocho millones de euros. Más allá del impacto económico, el daño emocional suele ser devastador.

Por qué la amenaza es cada vez mayor

La integración de inteligencia artificial en herramientas accesibles ha reducido el umbral técnico necesario para crear contenidos falsos convincentes.