Las autoridades estadounidenses han acusado a tres personas vinculadas a la empresa de servidores Super Micro Computer (con sede en San José, California) de participar en una operación para enviar ilegalmente tecnología avanzada de inteligencia artificial a China, esquivando los controles de exportación impuestos por Washington.

Los tres implicados en la trama son Yih-Shyan ‘Wally’ Liaw, cofundador, vicepresiente senior y miembro del consejo de administración de Super Micro Computer; Ting-Wei ‘Willy’ Sun, contratista vinculado a la compañía; y Ruei-Tsang ‘Steven’ Chang, responsable de ventas en Taiwán. 

Liaw fue detenido en California y puesto en libertad bajo fianza, mientras que Sun también fue arrestado a la espera de su comparecencia judicial. Chang, por su parte, se encontraba en paradero desconocido en el momento de la acusación.

Según las autoridades, Liaw y Chang habrían liderado la operación para desviar servidores equipados con tecnología de Nvidia hacia China, coordinando la red de intermediarios y los envíos encubiertos. Por su parte, Sun habría participado en la ejecución logística del esquema, facilitando el movimiento de los equipos y ayudando a ocultar su destino final para eludir los controles de exportación.

Entre las técnicas empleadas en el entramado figuran la falsificación de documentación, el uso de empresas intermediarias en terceros países –principalmente en el sudeste asiático– y la manipulación de etiquetas y números de serie. Todo ello con el objetivo de hacer pasar los envíos como operaciones legítimas.

La IA, nuevo campo de batalla geopolítico

Este tipo de componentes es fundamental para el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial, ya que permite entrenar modelos complejos y gestionar grandes volúmenes de datos. 

Además, estos servidores también se pueden usar para el desarrollo de sistemas de vigilancia o capacidades militares. Precisamente por su valor estratégico, su exportación a China está sujeta a estrictos controles por parte de EE.UU.

El país norteamericano endureció en 2022, con Joe Biden al frente, las restricciones a la exportación de chips avanzados hacia el territorio asiático, en un intento por limitar su acceso a estas capacidades. 

Durante su segundo mandato, Donald Trump ha mantenido una línea dura respecto a la venta de servidores avanzados a China, especialmente aquellos orientados a inteligencia artificial. Su administración ha reforzado los controles sobre este tipo de hardware, exigiendo licencias para exportar servidores equipados con chips avanzados –como los de Nvidia– y endureciendo la supervisión para evitar que estos equipos lleguen a destino a través de terceros países.

Aun así, su política no ha sido completamente restrictiva. Trump ha permitido determinadas ventas bajo condiciones muy concretas, como licencias específicas o acuerdos supervisados, buscando equilibrar la seguridad nacional con los intereses comerciales de las empresas tecnológicas estadounidenses. Esto ha dado lugar a un enfoque más pragmático, en el que se limita el acceso de China a infraestructura crítica, pero sin cerrar del todo el mercado.

Las autoridades estadounidenses consideran que este tipo de prácticas supone una amenaza directa a la seguridad nacional. Aunque no se trata de un ciberataque en el sentido tradicional, sí se considera un riesgo crítico dentro del ámbito de la ciberseguridad, puesto que la transferencia no autorizada de tecnología clave que puede ser utilizada tanto en entornos civiles como militares.

Nvidia ha comentado que el «estricto cumplimiento de las normas es una prioridad absoluta» para la compañía. 

«Seguimos colaborando estrechamente con nuestros clientes y el gobierno en programas de cumplimiento normativo, dado que las regulaciones de exportación se han ampliado. El desvío ilegal de ordenadores estadounidenses controlados a China es una práctica perjudicial para todos: Nvidia no ofrece ningún servicio ni soporte para dichos sistemas, y los mecanismos de aplicación de la ley son rigurosos y eficaces», ha declarado la empresa.